El espíritu levanta
quien cantay hace que sea trivial
su mal,
toda la desgracia aguanta:
la espanta.
Si la pena te atraganta
y no encuentras la salida,
recuerda el dicho enseguida:
¡quien canta su mal espanta!
El espíritu levanta
quien cantaSoledad, bien te busqué
mientras tuve compañía.Aquella rosa blanca en mi niñez
transmutó como efecto de los dañosUn romance para mi pueblo .
Fincado entre las montañas
hay un pueblo pintoresco
que me evoca la niñez
y aquellos sueños primeros
repletos en emociones
que desbordaban mi pecho
sin saber de las tristezas
falsedades ni de miedos.
Transité todas sus calles
sin tener noción del tiempo,
de las faenas liviana
y millonaria en afectos
pletórica me sentía
al descubrirme en los juegos
con la inocencia evidente,
rebosante de contentos.
Me placía descubrir
sus bosques verdes, espesos,
y algún arroyo escondido
con escaleras al cielo.
Su campo virgen y agreste
era impulso a mis deseos
de para siempre quedarme
detenida en sus senderos.
Me sentía cual gaviota
de vuelo plácido, eterno,
una flor que despuntaba
con sus pétalos abiertos
para llenar de colores
el fantástico universo.
Desconocía fronteras,
era libre como el viento.
Pero el tiempo ha trascurrido
y perennes los momentos
marcados en cada árbol
se quedaron en mi pueblo,
mas sujetos en el alma
los llevo como trofeo,
como un recuerdo valioso
de mis pasos en ascenso.